“No se trata de emprender, se trata de empresar”Ana Fernanda Maiguashca

Ana Fernanda Maiguashca, presidente del Consejo Privado de Competitividad.
Ana Fernanda Maiguashca, presidente del Consejo Privado de Competitividad.

Ana Fernanda Maiguashca, presidenta del Consejo Privado de Competitividad, propone un giro en el lenguaje y la política empresarial: dejar de centrarse en el emprendimiento como fin en sí mismo y enfocarse en lo que realmente impulsa el desarrollo económico: “empresar”.

En un contexto donde la mayor parte del tejido empresarial colombiano está compuesto por microempresas, y donde la informalidad laboral es alta , Maiguashca alerta sobre un enfoque que podría estar frenando el verdadero potencial económico del país. “No se trata de emprender, se trata de empresar”, afirmó recientemente, al cuestionar la narrativa que exalta el emprendimiento sin preguntarse por su sostenibilidad ni capacidad de escalar.

El mensaje apunta al corazón de la política pública y del discurso empresarial. Según cifras del DANE, el 44% del empleo en Colombia lo generan empresas con menos de cinco trabajadores. Sin embargo, su productividad es significativamente menor que la de las empresas medianas y grandes, lo que incide directamente en los bajos niveles salariales y la limitada capacidad de innovación del país.

Maiguashca advierte que muchos marcos regulatorios han incentivado que las empresas se mantengan pequeñas. “Ah, si eres más pequeño, te doy un tratamiento especial; ahí nos quedamos”, señala, cuestionando los incentivos que, sin querer, perpetúan la informalidad y la atomización del aparato productivo.

Desde esta perspectiva, el verbo “empresar” cobra sentido. No basta con iniciar una actividad económica: se necesita crear empresa, estructurarla, hacerla crecer y lograr que genere empleos de calidad. “Ser chiquitos no es un mérito”, remató Maiguashca, proponiendo una discusión que pone el foco en la escala, no en el simple acto de emprender.

De la microempresa al motor económico

El verbo “empresar” también invita a repensar el rol del Estado, el acceso al financiamiento, la sofisticación del tejido productivo y la educación empresarial. En palabras de Maiguashca, una empresa más grande es más eficiente porque puede distribuir tareas, especializar funciones y acceder a economías de escala. “De la misma manera que cuando uno le toca hacer todo el oficio de la casa le rinde menos que si alguien le ayuda a levantar el tapete mientras trapea”.

En el actual entorno de desaceleración económica, esta reflexión se alinea con los llamados de expertos a repensar los motores de crecimiento. Diversificar la economía, sofisticar la oferta productiva y aumentar la inversión en tecnología requieren más que microemprendimientos: requieren empresas capaces de innovar, competir y generar empleo digno.

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