
Esta iniciativa, liderada por la Gobernación de Antioquia en alianza con la Corporación para Investigaciones Biológicas (CIB), busca fortalecer el ecosistema regional para mejorar la seguridad alimentaria y nutricional en el departamento. El fondo se presenta como un mecanismo para articular esfuerzos públicos y privados, así como de la academia y organizaciones sociales, con el propósito de cerrar brechas de producción y fortalecer capacidades hasta 2027.
La creación del Fondo CTI+E responde a un desafío crítico: más del 35% de los habitantes de Antioquia enfrentan inseguridad alimentaria, cifra que representa más de dos millones de personas, según la Gobernación. La desnutrición, especialmente en niños y jóvenes, ha motivado un enfoque prioritario del gobierno liderado por el gobernador Andrés Julián Rendón y la primera dama Susana Ochoa, quienes han puesto en la agenda pública la atención a esta problemática con la ciencia y la innovación como pilares.
Ciencia, innovación y articulación para el agro
Desde la Secretaría de Desarrollo Económico, articulada con dependencias y actores del sector agroalimentario, se ha diseñado esta estrategia con doble enfoque: atender la demanda a través de programas sociales en alianza con cajas de compensación y fundaciones; y potenciar la oferta mediante el desarrollo tecnológico y científico que impacte la cadena productiva, logística y de valor en el agro.
La alianza con la Corporación para Investigaciones Biológicas es clave para la operación del fondo, aportando conocimiento científico aplicado y experiencia en innovación. Desde la Gobernación, la meta además de inyectar recursos, crear un ecosistema donde startups, spin-offs, instituciones académicas y grandes empresas se articulen para beneficiar especialmente a pequeños y medianos productores del campo antioqueño.
La iniciativa fue presentada oficialmente en la última plenaria del Comité Universidad Empresa Estado (CUEE), y busca promover encadenamientos productivos que prioricen cadenas con potencial exportador y competitivo, como el sector ganadero, lechero, cacaotero y otros cultivos estratégicos. El eje de competitividad se basa en conectar regiones como el suroeste, occidente y Urabá, optimizando su acceso a los sistemas portuarios hacia mercados internacionales.
Impacto territorial y desarrollo sostenible
La Gobernación enfatiza que este proceso será inclusivo y participativo, abarcando las nueve subregiones del departamento. Se impulsará la apropiación social del conocimiento a través de laboratorios regionales de CTI+E, en colaboración con cámaras de comercio, clústeres y centros de innovación. Este enfoque apunta a reducir los rezagos en innovación en zonas rurales y a fortalecer la productividad con base en la tecnología.
Manuel Naranjo Giraldo, secretario de Desarrollo Económico de Antioquia, explicó con claridad la visión detrás del fondo: «Nuestro reto es que la innovación, la ciencia y la tecnología sean el motor que transforme la producción agroalimentaria en Antioquia. Para lograrlo, necesitamos cohesionar esfuerzos desde el sector público, privado, académico y social, para sí garantizar la seguridad alimentaria de la región.»
Añadió que este mecanismo busca cerrar brechas desde la oferta y la demanda en el agro, generando encadenamientos productivos de alto valor, y fortalecer regiones con vocación agroalimentaria. «Queremos que las regiones del suroeste, Urabá, occidente, el norte y el nordeste se conviertan en polos de innovación y productividad, conectados estratégicamente con los mercados nacionales e internacionales. Este fondo es la puerta para que Antioquia marque la diferencia y lidere el desarrollo agroindustrial con base en la ciencia y la tecnología.»
La iniciativa también pretende ampliar recursos invitando al sector privado y la cooperación nacional e internacional a sumar esfuerzos y financiar proyectos innovadores. Más allá del capital, se busca nutrir este ecosistema con conocimiento, ideas y estrategias para garantizar su sostenibilidad y crecimiento en el largo plazo.
Con este modelo, Antioquia apunta a consolidar un entorno propicio para el emprendimiento, la innovación tecnológica y el mejoramiento de la producción agroindustrial, contribuyendo así a la seguridad alimentaria y al bienestar de su población vulnerable.
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