Dos monos rescatados revelan impacto del cautiverio en el Valle de Aburrá

El Área Metropolitana del Valle de Aburrá reportó el rescate de dos monos —uno cariblanco y otro capuchino— con graves afectaciones derivadas del cautiverio y el tráfico ilegal de fauna silvestre. Ambos casos, registrados en 2025, evidencian el aumento de esta práctica en la región y sus impactos ambientales y sanitarios.

El Centro de Atención, Valoración y Rehabilitación (CAVR) del Área Metropolitana atiende actualmente a un mono cariblanco infantil (Cebus albifrons) que llegó con lesiones severas en la zona perianal, causadas por el uso prolongado de pañales humanos. “El animal presentaba desnutrición y heridas dolorosas producto de la acumulación de materia fecal bajo el pañal”, explicó el equipo veterinario del CAVR.

El pequeño primate, que permaneció cerca de cuatro meses en una vivienda, pasaba gran parte del tiempo sobre el lomo de un perro, según el reporte entregado por quienes lo llevaron al centro. Aunque su evolución es positiva, los especialistas enfatizan que su entorno natural debe ser el bosque, no un hogar humano.

Aumento del tráfico y consecuencias ecológicas

Desde 2024, el Área Metropolitana ha recibido 45 monos cariblancos, la mayoría juveniles, lo que confirma la persistencia del tráfico y la tenencia ilegal de fauna silvestre como mascotas. A ese panorama se suma un mono capuchino (Cebus capucinus), entregado recientemente por ciudadanos tras ser “rescatado” de personas que presuntamente le suministraban sustancias psicoactivas.

“El tráfico de fauna no solo es un delito, sino una amenaza directa a los ecosistemas”, advirtió la autoridad ambiental. Este es el octavo mono capuchino ingresado al CAVR desde 2024, especie que ni siquiera habita de forma natural en el Valle de Aburrá. En la mayoría de los casos, las crías llegan al cautiverio luego de que sus madres son asesinadas para arrebatárselas.

El llamado institucional es claro: no comprar, no tener y no promover la tenencia de animales silvestres. Cada individuo cumple un rol ecológico esencial —como dispersar semillas o controlar plagas— y su extracción del hábitat altera el equilibrio ambiental.

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