«El reto no es subir, es regresar” Marcelo Arbeláez

Marcelo Arbeláez —uno de los primeros colombianos en alcanzar la cumbre del Everest en 2001— compartió las lecciones que hoy aplica desde Epopeya, la empresa que prepara a expedicionarios y también a organizaciones para enfrentar retos estratégicos. Su reflexión adquiere relevancia mientras acompañan a Ana María Giraldo y Ana Isabel Bustamante en la expedición al Monte Vinson, la última etapa para convertirse en el primer equipo femenino colombiano en completar las siete cumbres.

Primera fase: Subir es un objetivo; sostenerse es un proyecto

Marcelo recuerda que “Epopeya nace justamente por esa razón, por la razón de transformar una experiencia como cualquier otra. En este caso de montaña en lo que significa una experiencia empresarial”. Desde allí, el equipo ha realizado las expediciones que llevaron a Colombia a completar el Everest y las cumbres más altas de cada continente.

Con la experiencia acumulada , Arbeláez explica que la sostenibilidad de un proyecto se entiende como la capacidad de persistir, ajustar y avanzar. “Las siete cumbres consiste en subir la montaña más alta de cada uno de los continentes”, señala. Sumadas, representan más de 43.000 metros de ascenso. El reto, dice, no es una cima aislada, sino mantener el rumbo a través de múltiples etapas, tal como ocurre en la vida empresarial.

En este proceso, Epopeya acompaña a las expedicionarias que hoy avanzan hacia la Antártida. La meta no es solo llegar, sino enseñar a líderes y equipos a aplicar estos aprendizajes en la gestión del riesgo, la toma de decisiones y el liderazgo emocional.

Segunda fase: El verdadero riesgo está en el descenso

El montañista enfatiza que el concepto de fracaso debe ser entendido desde una perspectiva distinta. “No llegar a la cumbre de una montaña no es un fracaso. Lo que sí es un fracaso es no regresar de la cumbre”, afirma. En la montaña —y también en la empresa— los errores más costosos ocurren cuando la euforia del logro impide medir el riesgo real.

Marcelo recuerda episodios críticos, como un accidente en el Himalaya en el que un integrante perdió la vida tras romper un acuerdo de seguridad. “Por eso es tan importante, el valor que tiene cumplir los acuerdos. Y eso es lo que sostiene la confianza”, señala. Para él, las organizaciones también se enfrentan a avalanchas: decisiones apresuradas, quiebres en la comunicación, debilidades en la gestión del equipo. Entender los límites propios y los del entorno es parte fundamental de cualquier estrategia.

Para empresarios y emprendedores, la reflexión es clara: el ascenso —crecer, abrir mercados, expandirse— exige determinación; pero el descenso —sostener lo logrado, gestionar la transición, proteger al equipo— requiere aún más disciplina y un liderazgo emocional capaz de evitar riesgos innecesarios.

El dilema central que plantea Arbeláez es el mismo que enfrentan las empresas: alcanzar un objetivo es importante, pero administrarlo con responsabilidad es determinante para sobrevivir. Entre crecimiento y sostenibilidad, el liderazgo se define en la capacidad de regresar, aprender y volver a intentarlo con un plan más sólido.

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