
Pasiones Chocolisto, es el programa que se desarrolla gracias a una alianza entre el Grupo Nutresa, la Corporación PAN y la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) para fortalecer habilidades creativas y científicas de 1.279 niños en territorios con brechas educativas. La iniciativa mantiene su relevancia económica y social al consolidar espacios protectores que permiten a los menores usar su tiempo libre en formación artística, tecnológica y emocional.
Un espacio donde los niños se descubren
En las ludotecas de PAN —ubicadas en territorios donde la violencia intrafamiliar, la desescolarización o la ausencia de espacios protectores marcan la rutina del barrio— la escena se repite: un niño que llega tímido, toma un robot, un pincel o un tambor, y de inmediato algo cambia. Así lo resume Isabel Rincón, jefe de Mercadeo Bebidas Global: “Pasiones Chocolisto es un catalizador de talentos; un lugar donde los niños fortalecen su confianza mientras exploran lo que los hace brillar”.
La alianza con la UPB aporta metodologías y docentes especializados que integran arte, ciencia y creatividad. Ese respaldo académico permite que historias como la de Juan Guillermo Rivera- quien llegó desde el Urabá a Medellín- tomen forma. Desde la Comuna 1, este joven que sueña con ser ingeniero en microelectrónica ensambló su primer robot y lo puso a funcionar sobre ruedas: “Lo más retador fueron los engranajes y los cables, pero después de una semanita lo pude lograr”, cuenta mientras sostiene la pieza que lo aproxima a su sueño profesional.
Acompañamiento que transforma el entorno
En cada taller, el docente Andrés David Garzón observa cómo la curiosidad se convierte en hábito. “Estos espacios permiten que los niños diseñen sus ideas y hagan que las cosas se muevan”, asegura, convencido de que allí podrían formarse los futuros científicos del país.
El componente emocional atraviesa la metodología. PAN ha consolidado las ludotecas como entornos donde los menores se sienten seguros para preguntar, equivocarse y crear. Esa mezcla de afecto y aprendizaje es también el sello del programa, como lo destaca Mauricio Madrid, jefe de Mercadeo Bebidas Colombia: “Cada vez que un niño descubre algo que lo apasiona, cambia su manera de mirar el mundo”.
Con una inversión cercana a los $400 millones y un trabajo articulado durante tres años con la UPB y PAN, el programa se ha convertido en una estrategia de impacto social que abre oportunidades educativas y de movilidad para familias que históricamente han tenido menos acceso a formación artística y científica.
Esta semana, en la sede de la UPB en Medellín, se certificaron 262 niños que hicieron parte de esta cohorte, y que con toda seguridad darán pasos cada vez más firmes hacia su futuro.
De interés: Mañana comienza el Campamento Divermentes JEC, que reunirá a más de 300 niños.
