
El recrudecimiento de las tensiones entre Estados Unidos e Irán volvió a encender las alarmas del sector agropecuario colombiano. Aunque apenas cerca del 5% de los fertilizantes que importa el país provienen de la zona del estrecho de Ormuz, el precio internacional de la urea —uno de los principales insumos para la agricultura— depende de lo que ocurra en ese corredor estratégico del comercio mundial. Para Jorge Enrique Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), esta situación deja una enseñanza que va más allá de la coyuntura internacional: «La verdadera seguridad alimentaria empieza por depender menos del mundo».
Una dependencia que pasa factura
La preocupación no es menor. Colombia importa cada año más de 2,4 millones de toneladas de fertilizantes, y durante el primer cierre del estrecho de Ormuz, hace apenas unos meses, el precio internacional de la urea aumentó más del 50% en solo un mes. «Con las nuevas tensiones entre Estados Unidos e Irán y el incremento del precio del petróleo, los agricultores están preocupados por una segunda ola de aumentos en el costo de los fertilizantes», afirmó Bedoya. El dirigente recordó que estos insumos representan entre 30% y 40% de los costos de producción agrícola, por lo que cualquier incremento termina trasladándose a la cadena productiva y, eventualmente, al bolsillo de los consumidores a través de la inflación de alimentos.
Sin embargo, para la SAC el verdadero debate no está únicamente en la volatilidad internacional, sino en la capacidad del país para producir sus propios insumos. Bedoya explicó que la fabricación de fertilizantes depende del nitrógeno, el potasio y el fósforo, materias primas asociadas al gas, la minería y recursos naturales que Colombia aún no desarrolla plenamente. «Colombia perdió cuatro años en la búsqueda de una mayor autosuficiencia en fertilizantes», aseguró. Mientras tanto, la mayor parte de la urea sigue llegando desde Trinidad y Tobago y China, dejando al país expuesto a conflictos internacionales como la guerra entre Rusia y Ucrania o las tensiones en Medio Oriente.
Inflación, clima y un nuevo Gobierno
La volatilidad internacional, no solo afecta al productor. También representa un riesgo para la inflación. Bedoya explicó que el precio de la urea puede cambiar rápidamente dependiendo del comportamiento del mercado mundial. Recordó que hace apenas un mes los precios cedieron cuando India redujo sus expectativas de consumo tras realizar importantes reservas, aunque advirtió que el panorama volvió a cambiar con las nuevas tensiones geopolíticas. «Si nos guiamos por lo que está ocurriendo esta semana, el pronóstico no es el más alentador. Esperamos que la diplomacia funcione y que todo vuelva a la normalidad», manifestó.
A esta incertidumbre se suma la posible llegada del fenómeno de El Niño. Aunque los agricultores han fortalecido el almacenamiento de agua y la protección de las fuentes hídricas, el presidente de la SAC señaló que el impacto dependerá de la intensidad y duración del evento climático. Recordó que, en episodios anteriores, los cultivos de ciclo corto fueron los más afectados y advirtió que un fenómeno intenso podría reducir la oferta de alimentos durante el primer semestre de 2027. El sector también observa con atención el inicio de la cosecha de arroz, previsto para el 15 de julio, en medio de una reducción del área sembrada, así como la evolución del cultivo de papa.
Las tareas pendientes para el campo
Frente al nuevo Gobierno de Abelardo de la Espriella, la SAC espera que el campo ocupe un lugar prioritario en la agenda económica. Bedoya recordó que el gremio entregó el documento «43 caminos para cumplirle al campo», una hoja de ruta con propuestas para fortalecer la seguridad jurídica, las vías terciarias, el acceso al crédito, los seguros agropecuarios y el respaldo a las cosechas. «Las soluciones para el campo ya están planteadas. Lo que hace falta es voluntad política», afirmó.
