
A sus 20 años, el artista visual Tomás Salazar debuta como escultor con Fragments d’eternitat, una exposición que reunirá 11 esculturas en metal de mediano formato, acompañadas de pintura, en el Hotel Dann Carlton de Medellín. La muestra abrirá al público el próximo 17 de septiembre, con curaduría de Raffaella Solfanelli, directora de Musa Málaga.
El debut escultórico representa una nueva etapa para Salazar, cuya trayectoria comenzó en la pintura y ya suma más de cincuenta exposiciones colectivas e individuales en América, Europa y Oceanía. El artista llegó a la escultura después de dos años de formación en Bellas Artes en la Universidad Miguel Hernández de Altea, España, donde profundizó en la investigación de procesos materiales.
La exposición adquiere relevancia porque presenta por primera vez en Medellín su trabajo escultórico en metal. Las piezas surgen de procesos de corte, plegado, soldadura y ensamblaje, mientras que las pátinas, oxidaciones y pavonados funcionan como capas de tiempo producidas mediante calor, ácido y humedad. Así, el hierro no aparece únicamente como soporte, sino como parte activa de la creación.
Del metal a una nueva etapa artística
La serie escultórica se presentó inicialmente en julio de 2026 en la Galería Hacienda Castilla, en Pereira, con diez piezas. Para su llegada a Medellín, Salazar amplió la muestra a 11 esculturas y estableció un diálogo directo entre estas obras y su producción pictórica.
Precisamente, la pintura constituye el punto de partida de su trayectoria. Desde allí, el artista encontró en el expresionismo una herramienta para explorar la memoria, la identidad y la experiencia personal. Posteriormente, ese lenguaje evolucionó hacia propuestas más libres, simbólicas y abstractas, recorrido que ahora se conecta con su incursión en la escultura.
La curaduría de Solfanelli resulta central en esta transición. La directora de Musa Málaga conoció la obra de Salazar en una exposición colectiva en Roma, en noviembre de 2025, y desde entonces lo representa y ha impulsado su participación en diferentes exposiciones europeas. En su lectura, la escultura confirma una madurez creativa que ya estaba presente en su pintura.
La curaduría pone el foco en el material
Para Solfanelli, el proceso escultórico de Salazar parte de una relación de escucha con el hierro, donde la intención inicial del artista se encuentra con la resistencia y el accidente propio del material. Su texto curatorial resume esa aproximación: “Tomás no modela la forma: la corteja, la desafía y, finalmente, la escucha.”
Ese planteamiento permite entender por qué la muestra no se limita a presentar objetos metálicos. Las marcas generadas por la oxidación, las pátinas y los procesos aplicados sobre el hierro hacen visible una parte del proceso creativo y convierten la transformación del material en uno de los elementos destacados de la exposición.
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