
Colombia, gana competitividad en la industria siderúrgica al producir acero con emisiones de CO₂ de 0,66 por unidad, frente al promedio global de 1,85, apoyado en un modelo de reciclaje que reduce costos y huella ambiental.
En efecto, este resultado responde a un sistema productivo que reutiliza cerca del 80% de la materia prima a partir de chatarra ferrosa, con más de 1,2 millones de toneladas recicladas al año mediante hornos de arco eléctrico. A diferencia de mercados como China e India, donde las emisiones superan las 2,24 toneladas, Colombia reduce su impacto al no depender de carbón ni de altos hornos tradicionales.
Además, este avance ocurre en un momento clave para la industria. “La industria del acero enfrenta el desafío de seguir fortaleciendo su capacidad productiva mientras avanza hacia procesos más sostenibles y circulares”, señaló Mauro De Castro, director de Diaco en Colombia, quien agregó que el país ha demostrado que el crecimiento industrial puede apoyarse en eficiencia energética y reciclaje.
Medellín, eje del reciclaje y consumo de acero
En este escenario, Medellín y Antioquia cumplen un papel estratégico dentro de la operación de Diaco. La compañía identifica a la región como un centro clave por la calidad de la chatarra generada y por su dinamismo en sectores como infraestructura y vivienda. “Especialmente Medellín es un centro estratégico para nosotros, genera chatarra de buena calidad y es un mercado clave en consumo”, afirmó De Castro.
De hecho, la empresa cuenta con centros de reciclaje, planta de figuración y una red de distribución en la región, lo que fortalece la cadena productiva y el modelo de economía circular. Este sistema involucra cerca de 900 centros de reciclaje en el país y conecta a más de 50.000 familias recicladoras, generando empleo y formalización.
Certificación ambiental y acceso a financiamiento
Por otro lado, Diaco se convirtió en la primera siderúrgica en Colombia en obtener la Declaración Ambiental de Producto (DAP) para su portafolio de construcción, certificación que permite medir el impacto ambiental durante todo el ciclo de vida del acero. Según De Castro, “tener la DAP significa contar con datos claros sobre las emisiones, esto permite utilizar materiales más sostenibles y acceder a mejores condiciones de financiamiento”.
En línea con lo anterior, el uso de acero de bajas emisiones cobra relevancia si se tiene en cuenta que este material puede representar entre el 20% y el 40% de una edificación. Así, su trazabilidad contribuye directamente al cumplimiento de metas de reducción de CO₂ en el país.
Inversión y crecimiento del sector siderúrgico
Asimismo, el desempeño ambiental del sector coincide con un mayor reconocimiento internacional. Colombia se consolidó como el segundo país de América Latina con más empresas destacadas en el Anuario de Sostenibilidad de S&P Global 2026, lo que refuerza su posicionamiento en criterios ESG.
Al mismo tiempo, la industria proyecta inversiones cercanas a $1,2 billones entre 2025 y 2030, enfocadas en eficiencia energética y optimización de procesos. Esto ocurre en un mercado con potencial de expansión, dado que el consumo per cápita de acero en Colombia es de 64 kilogramos, por debajo de países como México y Chile.
