Gabriel Marín: de vender 300 periódicos diarios a resistir en la era digital

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Gabriel Marín llega a las 5:30 a.m al atrio de La América. Foto Momento Emprendedor.

Antes de que amanezca en el occidente de Medellín, Gabriel Antonio Marín Castañeda inicia su jornada con varios kilos de periódicos bajo el brazo, en el atrio del barrio La América. Desde allí, y durante más de seis décadas, ha pregonado los titulares de la prensa nacional y regional. “Divulgar la noticia como es, ofrecerla bien y venderla con bastante ánimo, bastante energía”, explica Gabriel Marín. sobre el oficio que aprendió junto a dos amigos cuando comenzó a vocear diarios en las calles del sector.

En aquellos años, el trabajo exigía madrugar incluso desde las dos de la mañana para ir a Juanambú, donde funcionaba la antigua sede de El Colombiano, y conseguir los periódicos en las agencias de distribución. La competencia con revendedores reducía las ganancias, pero la alta demanda compensaba el esfuerzo. “Era bastante difícil con la prensa porque había mucho revendedor”, recuerda. Aun así, durante décadas la venta de periódicos, en las calles formó parte del ecosistema informativo que llevaba las noticias del país a miles de hogares.

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Además, cuando los ejemplares no se vendían en la mañana, Marín y otros voceadores buscaban alternativas para no perder el día. En el centro ofrecían los diarios a mitad de precio en la noche para liquidar el inventario. “Si el periódico valía 200, lo cerrábamos a 100”, cuenta. Esa estrategia permitía recuperar parte de la inversión y mantener el flujo de ventas.

Noticias que estremecieron

En aquella época- —antes del siglo XXI, Gabriel Marín podía vender cerca de 300 ejemplares diarios. Los grandes acontecimientos disparaban el interés del público y llenaban las calles de lectores. Entre ellos recuerda el viaje del hombre a la Luna, el atentado a las Torres Gemelas en Estados Unidos y, sobre todo, una tragedia que aún lo conmueve: la historia de la niña Omayra Sánchez, símbolo del desastre ocurrido tras la erupción del volcán que sepultó al municipio de Armero.

El voceador recuerda cómo aquella noticia recorrió las calles del país y estremeció a los lectores. “Eso prácticamente a mí me duele, muy sentimental, con ganas de llorar”, relata. La imagen de la niña atrapada entre el lodo y los escombros se convirtió en uno de los titulares más impactantes que pregonó en su oficio. “Si alguien debían de canonizar sería esa niña”, dice, aún conmovido por el recuerdo.

Sin embargo, el negocio cambió de forma radical con la llegada de internet y las redes sociales. Hoy la mayoría de los lectores se informa en plataformas digitales o mediante suscripciones directas a los medios. “Ya se venden muy pocos periódicos por la tecnología, el internet”, explica Marín, al describir cómo el oficio de voceador perdió protagonismo frente a los nuevos hábitos de consumo informativo.

Pese a la caída en las ventas, Gabriel Marín continúa cada día en el mismo lugar donde ha trabajado por más de medio siglo en La América. Para él, un buen voceador debe tener “una buena presentación personal y un buen trato hacia el cliente”. Su historia refleja un cambio estructural en la industria de los medios: mientras la tecnología redefine la forma de consumir noticias, oficios tradicionales como el pregón de periódicos sobreviven gracias a la persistencia de quienes, como Marín, aún levantan la voz para anunciar los titulares del día.

En cinco meses, Amarillo de Manzanares conquistó el 10% del mercado antioqueño.

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