
Los grandes proyectos hidroeléctricos pueden tener una dimensión ambiental que va más allá de la generación de energía. Ese fue el planteamiento de EPM durante la Climate Week, donde explicó cómo el Proyecto Hidroeléctrico Ituango desarrolla acciones de protección, restauración y compensación ecológica. Según Juan Fernando Morales Villa, jefe del área Ambiental y Social del proyecto, la empresa ha destinado cerca de $2,6 billones a actividades de protección y conservación, una cifra que comprende diferentes frentes, entre ellos los componentes ecológicos, de infraestructura y de protección de los recursos naturales.
La estrategia contempla más de 24.000 hectáreas destinadas a la compensación y conservación ecológica en el área de influencia del proyecto, ubicada en el Norte y Occidente de Antioquia. Para dimensionar su alcance, Morales Villa explicó que la pérdida de coberturas vegetales asociada al embalse se estima en unas 3.000 hectáreas. En términos aproximados, las áreas de protección y conservación equivalen a entre siete y ocho veces esa superficie.
Conservar también exige conocer el territorio
La conservación consiste en recuperar hábitats y ecosistemas degradados para restablecer los servicios ecológicos que prestaban antes de una intervención humana. Esa es la definición que plantea Morales Villa, quien sostiene que proteger el medioambiente y desarrollar actividad económica no son objetivos necesariamente opuestos. “La conservación no es contraria ni contradictoria al desarrollo económico. La vemos como algo compatible y complementario”, afirmó.
Para avanzar en esa compatibilidad, EPM realiza estudios poblacionales e investigaciones orientadas a identificar alternativas de protección de los hábitats. Además, considera necesario conocer las dinámicas territoriales, las actividades económicas y las necesidades de las comunidades, con el propósito de buscar alternativas que permitan mantener sus medios de sustento mientras se desarrollan acciones de conservación.
El inventario de biodiversidad reportado por el funcionario incluye más de 700 especies de plantas y líquenes, alrededor de 250 especies de aves y más de 120 especies de peces, además de diferentes felinos y otros mamíferos. Estas cifras muestran la diversidad biológica identificada en las áreas del proyecto y explican por qué la protección de los ecosistemas constituye uno de los componentes de su gestión ambiental.
El puma y el cucarachero paisa, señales de vida
Entre los registros que destaca EPM están el puma y el arrierito antioqueño, también conocido como cucarachero paisa. De acuerdo con Morales Villa, el puma necesita bosques saludables y disponibilidad de presas, por lo que su presencia aporta información sobre las condiciones del hábitat. El cucarachero paisa, por su parte, es una especie vulnerable cuya distribución geográfica es limitada y que está asociada a determinadas áreas de bosque seco.
“Para nosotros significa que el bosque está vivo, que tenemos que cuidarlo”, señaló el funcionario al referirse a la presencia de estas especies. No obstante, su identificación no demuestra por sí sola la recuperación integral de los ecosistemas: para medir ese resultado se requieren seguimiento de las poblaciones y evaluaciones periódicas de los hábitats.
Adaptación frente al cambio climático
Durante la Climate Week, Morales Villa también destacó la relación entre biodiversidad y adaptación climática. Según explicó, EPM trabaja en restauración, compensación y actividades con grupos de interés y comunidades para reducir la vulnerabilidad de las áreas sensibles del proyecto y prepararse frente a los cambios del clima.
