
Karl Dvries y Patty Narváez llegaron a Medellín con una propuesta que nació de sus propias historias de dolor: Karl Patty Inspiration, un emprendimiento enfocado en salud y bienestar que busca ayudar a otras personas a sanar, liberar emociones y volver a creer. Detrás de esta iniciativa se encuentran dos profesionales que encontraron en sus propias experiencias una nueva razón para emprender: Patty Narváez es psicóloga de la Pontificia Universidad Javeriana, con Máster en programación neurolingüística y otras tecnologías para generar cambios comportamentales, mientras Karl Dvries es maestro en Artes Plásticas de la Universidad de Nariño. Ambos conocieron el dolor, pero también encontraron caminos para reconstruir sus vidas.
Patty perdió a su madre y quedó ciega después de un accidente cuando tenía 15 años. Karl, por su parte, sufrió una hemiplejia que paralizó el lado derecho de su cuerpo y le quitó el habla. La adversidad los llevó por caminos diferentes, pero sus historias terminaron encontrándose. Hoy, desde Medellín, ponen sus conocimientos profesionales y sus experiencias de vida al servicio de un emprendimiento que desarrollaron a partir de la arteterapia: una propuesta que une la psicología de Patty con el arte de Karl para trabajar las emociones a través de la pintura.
El punto de partida de Patty estuvo en tres sueños que, según cuenta, se convirtieron en ramas de las cuales pudo agarrarse en medio de la adversidad: “¿Cómo voy a ser mamá? ¿Cómo voy a ser profesional? ¿Cómo voy a tener un hogar?”. Mientras luchaba por su vida después del accidente y enfrentaba 60 fracturas en el rostro y una fractura en el fémur, encontró en esos sueños, su familia, los profesionales que la acompañaron y su fe una razón para continuar. “Yo tenía sueños muy claros en la vida y a partir de ahí arranqué a hacer realidad eso que soñaba”, recuerda.
El dolor se convirtió en una nueva oportunidad para emprender
Karl también tuvo que aprender a reconstruir su vida. Después de sufrir la hemiplejia, perdió la movilidad de su mano derecha y el habla, en el mejor momento de su vida. Sin embargo, comenzó a utilizar la mano izquierda para realizar trazos. Posteriormente se atrevió con la acuarela y realizó una exposición en Pasto con 35 obras entre paisajes, barcos, marinas y carros antiguos. “Entonces ahí supe que no estaba totalmente perdido”, recuerda.
Su historia continuó entre Pasto, Cali y Bogotá. Vivió 20 años en Cali, fue actor y cantante en Bogotá y posteriormente se dedicó a la docencia artística. La pandemia marcó otro momento difícil con la muerte de su exesposa, tras lo cual regresó a Pasto. Allí volvió a encontrarse con Patty, un momento que describe con una frase que resume el significado de ese reencuentro: “Cuando me la encontré, volví a existir”.
El encuentro también transformó su pintura. “Antes pintaba depresión y ahora pinto florecitas. La vida.”, relata Karl. Esa transformación personal terminó convirtiéndose también en la base de una propuesta para acompañar a otras personas que enfrentan momentos difíciles.
Psicología y arte para trabajar las emociones
La idea de emprender juntos comenzó a tomar forma cuando Patty, escuchó la historia de Karl y encontró una posibilidad de unir sus conocimientos. “Si logramos los dos juntar esa experiencia de vida, esa vivencia de contarle a la gente a través del arte de él y de la psicología, de los conocimientos profesionales de los dos”, recuerda. Así comenzaron a dar testimonios en barrios y organizaciones, hasta avanzar hacia conferencias y talleres de arteterapia.
A partir de esa experiencia, Karl y Patty desarrollaron su propuesta de arteterapia, en la que los conocimientos de la psicología se encuentran con la expresión artística. Patty acompaña el proceso emocional y Karl guía a los participantes desde la pintura. De esta manera, el lienzo se convierte en un espacio para reconocer emociones, expresarlas y trabajar sobre ellas. “Es un entrenamiento mental a través de talleres de arteterapia”, explica Patty.
El programa se denomina “La vida comienza hoy” y está estructurado en tres talleres. El primero es liberador y busca que los participantes reconozcan emociones que quizá no habían identificado. El segundo es sanador, en el que comienzan a trabajar esas emociones mediante una pintura más libre. Finalmente está el transformador, que plantea preguntas sobre el futuro: “¿A dónde quiero llegar?, ¿en quién quiero convertirme?, ¿qué quiero hacer con este renacer?, ¿qué quiero hacer en este recomenzar?”.
Cada taller dura dos horas. Mientras Patty desarrolla el componente emocional, Karl pinta en vivo y acompaña a los participantes en el proceso artístico. La propuesta parte de una idea que ambos consideran fundamental: no es necesario ser artista para participar. Lo importante es atreverse a crear, expresar lo que se siente y encontrar nuevas posibilidades a través de la pintura.
Pintar también puede ser una forma de liberarse
Para Karl, el arte representa libertad. “Es libre el crear, el manchar, el combinar colores y plasmarlo en un lienzo”, explica. Por eso, los talleres no exigen experiencia artística. La propuesta permite equivocarse, cubrir el error y volver a pintar. “Lo que importa es lo que puedes sanar, puedes reconstruir, puedes retractar”, afirma.
Patty complementa el ejercicio artístico con procesos de relajación. Según explica, buscan que las personas lleguen a un estado en el que puedan explorar con mayor libertad su creatividad. “Cuando el cuerpo se relaja, la mente es más productiva, es más creativa, es más libre”, señala. Desde esa perspectiva, los talleres buscan abrir un espacio para que los participantes hagan algo que quizá nunca habían intentado y se sorprendan de lo que son capaces.
La propuesta puede desarrollarse con grupos de diferentes tamaños, incluso una sola persona y también puede adaptarse a empresas, entidades, familias y organizaciones. En el caso empresarial, el proceso comienza identificando las necesidades de la organización para diseñar posteriormente el taller. El trabajo puede enfocarse en manejo de ansiedad y estrés, resolución de conflictos, comunicación o mente positiva.
Medellín, una nueva etapa para emprender
La llegada a Medellín representa para Karl y Patty una nueva oportunidad. Además de las razones familiares que los llevaron a establecerse en la ciudad, encontraron posibilidades para desarrollar su empresa y conectarse con el ecosistema de salud. En dias pasados participaron en un evento relacionado con Medellín Health City y ahora buscan integrarse al clúster para conocer necesidades, generar alianzas y aportar desde su experiencia.
“Nosotros somos de Pasto, pero no dejamos de admirar la cultura paisa. Tiene mucho que enseñarnos, nos pellizca todos los días, nos abre posibilidades todos los días”, afirma Patty. Su intención es encontrar alianzas que permitan llevar su propuesta a personas que atraviesan enfermedades, patologías, estrés postraumático u otras situaciones difíciles de salud.
Para ambos, este proceso también significa volver a empezar. Después de experiencias que cambiaron sus vidas, Medellín aparece como el lugar desde el cual quieren ampliar una iniciativa que nació de sus propias historias. “Vimos en Medellín esa posibilidad de resurgir, de recomenzar también”, explica Patty.
Duelo y sanación: dos palabras para salir adelante
El duelo ocupa un lugar central en la historia de ambos. Para Karl, la pérdida no significa necesariamente el final. “Es triste, pero si hay esperanza, hay un futuro”, afirma. Su experiencia lo llevó a una conclusión que se convirtió en parte de su filosofía de vida: “No se acaban los sueños”.
Su mensaje también está relacionado con mantenerse en movimiento. “El enfoque es no morirse, no quedarse estático, funcionar, funcionar, funcionar”, asegura. Y utiliza una bicicleta como metáfora de la vida: avanzar permite encontrarse con nuevas cosas, mientras quedarse quieto significa detener el camino. Para él, “la vida es un regalo de Dios y hay que aprovecharlo al máximo”.
Patty, por su parte, resume la sanación en tres acciones: creer, querer y tratar. “Lo primero es creer. Creer que es posible sanar”, sostiene. También destaca el papel de familiares y personas cercanas para acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles y ayudarles a recuperar la confianza en que pueden salir adelante.
Karl y Patty transformaron dos historias marcadas por el dolor en un emprendimiento que une psicología, arte y experiencia de vida. Ella aporta su formación como psicóloga; él, su trayectoria como artista plástico. Juntos desarrollaron una propuesta de arteterapia que busca que otras personas puedan reconocer sus emociones, expresarlas, trabajarlas y encontrar nuevas posibilidades para sus vidas. Su historia también deja una idea que atraviesa todo el proyecto: después del duelo puede existir un nuevo comienzo y, como dice Patty, para sanar hay que empezar por creer que es posible.
Quienes quieran conocer la propuesta de Karl Patty Inspiration o consultar por sus talleres pueden comunicarse al WhatsApp 301 406 82 85. También pueden buscarlos en redes sociales como Patricia Narváez, psicóloga, y Karl Dvries.
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