
En febrero de 2024, en Bello (Antioquia), el Área Metropolitana del Valle de Aburrá activó la ruta de atención tras el rescate de un tigrillo de la especie margay, mantenido ilegalmente en una vivienda; hoy, luego de 18 meses de rehabilitación, el felino regresó a su hábitat, un resultado relevante en la conservación y la prevención de pérdidas ecosistémicas asociadas al tráfico de fauna.
La recuperación exigió inversión técnica y coordinación interinstitucional para revertir los daños causados por el cautiverio, como la impronta humana y los desórdenes nutricionales. El Centro de Atención, Valoración y Rehabilitación (CAVR) de Fauna Silvestre del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, aplicó pruebas genéticas, manejo sanitario y un plan conductual orientado a caza y forrajeo, reduciendo el contacto humano y usando dietas de presas enteras. “Se realizaron pruebas genéticas para confirmar la especie. Después de un año y medio, logramos cerrar con éxito su proceso de rehabilitación”, explicó Andrés Gómez Higuita, supervisor del CAVR. Así, el proceso evitó el costo permanente de una colección viva y priorizó la liberación como opción más eficiente.
Liberación con garantías ambientales
Posteriormente, la liberación se realizó con Corantioquia en la Reserva Natural El Globo, un bosque de niebla con monitoreo y respaldo legal y financiero. “Estamos en el suroeste antioqueño, un ecosistema de alta complejidad, que cuenta con todas las características necesarias”, señaló Luis Guillermo Sierra, biólogo de Corantioquia.
A su vez, Francisco Bayer, guardabosques, precisó: “Esta reserva cuenta con la protección de la fauna y la flora, por lo que el margay tiene aquí todas las condiciones ideales”, lo que reduce riesgos de recaída y maximiza la probabilidad de supervivencia.
